En ocasiones la vida se condensa en instantes de apariencia minu scula en los que, no obstante, relucen, si se sabe apreciar, emociones y afectos rotundos, como el amor que acontece en los segundos que dura la carrera de una nin a a los brazos de su padre o en la respiracio n sosegada de un cuerpo cercano. Impregnados de una sensibilidad atenta a lo cotidiano, los microrrelatos de Mirar el mar ofrecen destellos de verdad y sugieren un fuerte apego a la vida, tan enredada en la de otros. A veces con gravedad y a veces con humor, la mirada de Pablo Echart se abre a la inmensidad que se despliega ante sus ojos, quiza en busca de pecios que rescatar del naufragio, o tal vez de una ballena blanca que de sentido al viaje.
Sin existencias


