Tres narraciones entrelazadas por la química (de las pastillas y de los cuerpos).
Irvine Welsh, el autor de Trainspotting, prefiere hablar de sí mismo como de un activista cultural antes que escritor. Y los críticos de la revista ID, que suelen ser árbitros muy exigentes de las últimas tendencias, le han definido como el más vital, el más subversivo de los autores contemporáneos . En Éxtasis, tres narraciones entrelazadas por la química (de las pastillas y de los cuerpos), Welsh vuelve a demostrar su gran talento para la provocación, y su genio para la literatura. En la primera historia, Rebecca, una popular autora de novelas de kiosco, encendidamente románticas y floridamente históricas, cuyo marido gasta en prostitutas la fortuna que ella gana urdiendo romances, conoce a una joven enfermera, un tanto confundida con respecto a su sexualidad, y aficionada al éxtasis y a las discotecas
La protagonista de la segunda, la bella Samantha, que nació sin brazos a causa de una droga imprudentemente recetada a mujeres embarazadas en los años sesenta, conoce y enamora a un hooligan aficionado a todas las drogas contemporáneas, y lo utiliza para vengarse de aquellos que causaron su deformidad Y en la última, Lloyd es un treintañero rebelde que sigue sin rendirse a la vida burguesa y frecuenta fiestas extáticas donde dice que sí a todo. Pero una vaga sensación de disconformidad le anuncia que todo eso ya no basta, y que quizá lo que ahora desea son otros éxtasis mucho más difíciles.
Sin existencias














